Conoce las señales

Convertirte en mamá puede traer muchos cambios en tu cuerpo y tu mente. Conoce los cambios que pueden ocurrir en tu forma de pensar, tus emociones y tu cuerpo durante las primeras etapas de la maternidad. Reconocer y nombrar estas emociones te puede ayudar a descubrir formas de cuidarte, encontrar recursos útiles y hablar sobre cómo te sientes con personas de confianza.

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  • Las señales

    Me siento desconectada emocionalmente

    Sentirse distante, desconectada o insensible puede estar relacionado con los cambios hormonales abruptos de las primeras etapas de la maternidad. Puede que te cueste sentir un vínculo con tu bebé, que no sepas bien cómo reaccionar a sus emociones o que incluso evites el contacto físico. La desconexión también puede estar relacionada con trauma, falta de sueño o no contar con el apoyo que necesitas.

    Esto no tiene nada que ver con tu capacidad de ser una buena mamá ni significa que quieras menos a tu bebé. Cada familia tiene su propia forma de crear vínculos, y el proceso puede tomar tiempo. Sentir una conexión no significa interacción constante: cuando tu bebé está seguro y bien cuidado, estar en la misma habitación mientras tú haces algo que te ayude a recuperar energía puede favorecer el acercamiento entre ustedes.

    Cantar una canción que suelas cantar, hacer contacto visual o hablarle a tu bebé mientras haces tus actividades del día son formas sencillas de empezar. Si la desconexión persiste o se intensifica, un proveedor de atención médica te puede ayudar. Conoce más formas de cuidar tu salud mental en Cosas que puedes probar. 

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    Me siento agotada y exhausta

    Todo el proceso, desde el embarazo hasta el trabajo de parto y el momento de dar a luz, y después el cuidado de un bebé, puede ser física y emocionalmente agotador. De repente, estás manejando una serie de expectativas nuevas además de cuidar de ti misma, y esto se puede sentir aún más pesado cuando el apoyo escasea al principio. Señales comunes de desgaste incluyen agotamiento, dificultad para pensar con claridad, dolores de cuerpo y cabeza, así como sentimientos de frustración.

    Las etapas iniciales de la maternidad se pueden sentir como si funcionaras sin baterías. Sentir que llegaste al límite es una señal de que necesitas recurrir a tu red de apoyo, aunque solo sea para tomarte un breve descanso. Dedicar tiempo a recargar energía y aceptar ayuda puede ser útil para comenzar a recuperarte del desgaste. Descubre algunas formas sencillas de facilitar este proceso en la sección Cosas que puedes probar. Si el agotamiento no desaparece o comienza a sentirse como algo más que cansancio, habla con un proveedor de atención médica.

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    Pensamientos e imágenes no deseadas irrumpen en mi mente y me angustian

    Los pensamientos intrusivos incluyen pensamientos o imágenes no deseadas que surgen en la mente y que pueden resultar perturbadores y causar miedo. Son comunes entre muchas mamás que acaban de tener un bebé y por lo general se relacionan con el temor de lastimar accidentalmente a tu bebé o de no poder protegerlo de algún daño. Pueden aparecer de repente y causarte ansiedad, vergüenza o angustia.

    Tener pensamientos intrusivos no significa que quieras que esas cosas sucedan, o que reflejen tus intenciones, valores o personalidad. Estos pensamientos pueden aparecer cuando el cerebro de una mamá que acaba de tener un bebé entra en un modo de protección para mantenerlo a salvo.

    Si se vuelven persistentes o más intensos, interfieren en tu vida diaria o te causan mucha angustia, ponte en contacto con un profesional de la salud mental o un proveedor de atención médica, como un trabajador social o terapeuta.

    Conoce la diferencia

    Los pensamientos intrusivos son diferentes de los pensamientos que quieres llevar a la acción, o de experiencias en las que sientes que has perdido el contacto con la realidad. Si escuchas o ves cosas que otras personas no perciben, te sientes inusualmente confundida o tienes ideas paranoicas, tienes creencias que no parecen basarse en la realidad o sientes que tú o tu bebé están en peligro debido a estas experiencias, busca atención médica de inmediato o llama al 988. Estas pueden ser señales de psicosis posparto, una condición poco frecuente pero grave que requiere tratamiento urgente.

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    Estoy sintiendo frustración y enojo

    Algunas mamás pueden sentir enojo e irritabilidad durante las primeras etapas de la maternidad. Los altibajos hormonales y los cambios en las rutinas, junto con la sobreestimulación, la falta de sueño y sentir que toda tu energía se consume por las nuevas responsabilidades, pueden hacer que te enojes con más facilidad.

    Puede que durante la atención diaria que le brindas a tu bebé, te agobien los sonidos fuertes o el contacto físico (esto se conoce a veces como “touched out” o sentirse saturada por estar en contacto constante). Podrías notar que tienes menos paciencia, te irritas con mayor facilidad o tienes reacciones más repentinas de lo habitual.

    Esto también le pasa a otras mamás y, en muchos casos, esa intensidad disminuye a medida que recuperas tus horas de sueño y cuentas con apoyo. Cuando sientas que el enojo crece, en nuestra sección  Cosas que puedes probar encontrarás formas sencillas de reducir la presión, como alejarte por un momento y respirar lentamente, o pedirle a alguien de confianza que se encargue del bebé. Si el enojo es constante, te asusta o te cuesta salir de ese estado, un proveedor de atención médica te puede ayudar.

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    Me siento sola o alejada de las personas y actividades que antes disfrutaba

    El aislamiento después de convertirte en mamá se puede sentir como soledad y a la vez como distanciamiento de otras personas. Cuando estás cuidando un bebé pasas mucho tiempo en casa, y esto puede generar una sensación de encierro y desconexión de las relaciones que te brindan apoyo. Pasar largos periodos a solas, con pocas oportunidades de interactuar con personas adultas, también puede propiciar pensamientos repetitivos que no dejan de dar vuelta en tu cabeza.

    Quizá la experiencia de la maternidad te haga sentir sola, sobre todo si no cuentas con una red de apoyo o con otras mamás que estén pasando por lo mismo que tú. Además, los cambios que se producen a nivel personal pueden hacer que te cueste más conectar con las personas y las actividades que antes disfrutabas.

    No tienes porque pasar por esto sola, y podrás reestablecer conexiones poco a poco. La sección Cosas que puedes probar ofrece formas sencillas de volver a conectar con otras personas, como acercarte a una persona de confianza. También puedes ir a la sección Recursos para encontrar espacios que favorecen la conexión, como grupos de apoyo. Si la sensación de soledad persiste o sientes que te agobia, ten en cuenta que hay apoyo disponible y que puede ser útil buscarlo.

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    Me siento apagada o vacía

    Muchas mamás sienten la presión de tener que mostrar únicamente emoción y alegría con la llegada de un bebé, pero hay quienes experimentan lo contrario: insensibilidad emocional.

    Puede ser difícil de aceptar que, desde que te convertiste en mamá, ya no disfrutas o te emocionas igual, y quizá esto te avergüence o confunda.

    La insensibilidad puede ser un mecanismo de protección, especialmente si experimentaste trauma al convertirte en mamá. Tal vez sientas que estás cuidando a tu bebé en automático o que no te alegras ni siquiera cuando alcanza un hito importante en su desarrollo. 

    Esto no significa que no quieras a tu bebé o que no te ilusionen sus siguientes pasos; en realidad se trata de sentimientos comunes durante el comienzo de la maternidad que pueden estar influidos por los cambios hormonales, el desgaste y el agotamiento. Para muchas mamás, esta sensación disminuye con descanso, al darle tiempo al proceso y recibir apoyo. Si persiste la sensación de insensibilidad o no te sientes conectada con tu propia vida, te puede ayudar hablar con un proveedor de atención médica.

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    Me siento perdida y extraño mi vida de antes

    Por lo general, el duelo se relaciona con muerte y desamor, pero la llegada de un bebé también se puede sentir como una pérdida, incluso cuando a la vez sientes una profunda alegría. Los cambios que se producen a nivel personal, así como en tus horarios, tus relaciones y tu grado de independencia pueden provocar una tristeza real.

    Puede que extrañes la tranquilidad, las rutinas y la libertad que tenías antes de convertirte en mamá y que eches de menos la sensación de control y previsibilidad de tu día a día. Podrías sentir que pierdes autonomía sobre tu propio cuerpo, que te cueste aceptar la identidad de “mamá” o que temas perder algunas partes de tus relaciones, tu personalidad y tus intereses. También es común sentir tristeza por los cambios en la relación con tu pareja.

    Extrañar lo que ha cambiado no significa que quieras menos a tu bebé: ambos sentimientos pueden coexistir. Para muchas mamás, esta sensación disminuye a medida que te adaptas a esta nueva etapa de la vida. Identificar lo que extrañas y compartirlo con alguien que te comprende te puede ayudar a atravesar estas emociones.

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    Me siento ansiosa

    La llegada de un bebé puede generar ansiedad. La falta de sueño influye, así como el cambio repentino de lo que se espera de ti, incluida la presión de ser una mamá perfecta y mantener a tu bebé a salvo de cualquier daño. Sentir un terror agobiante o imaginar constantemente que ocurrirá lo peor puede ser señal de ansiedad. Quizá te cueste separarte de tu bebé, sientas una tensión constante o que tu mente no para, además de síntomas físicos como falta de aire o palpitaciones.

    Este tipo de preocupación es común pero puede disminuir a medida que estableces una rutina y cuentas con apoyo. La sección Cosas que puedes proba incluye actividades sencillas, como ejercicios para volver al momento presente (respirar despacio, nombrar lo que tienes a tu alrededor), que pueden ayudarte en esos momentos. Si la ansiedad es constante, difícil de controlar o interfiere con tu sueño o tu vida diaria, busca apoyo de un proveedor de atención médica.

Cosas que puedes probar

Encuentra actividades y herramientas para ayudarte a cuidar tu salud mental mientras te adaptas a la vida con un nuevo bebé.

Descubre más sobre salud mental materna

Conoce experiencias comunes en las primeras etapas de la maternidad y formas de cuidar de ti

Comprender lo que sientes

Al convertirte en mamá, puedes experimentar emociones, pensamientos y situaciones que no esperabas. Lee las respuestas a algunas de las preguntas más frecuentes sobre salud mental materna para entender mejor lo que estás sintiendo, descubrir qué te podría ayudar y saber cuándo podría ser necesario buscar apoyo adicional.

Con la maternidad se presentan muchas situaciones y emociones inesperadas, y para varias de ellas nunca nos podemos preparar por completo. Pero hay muchas cosas que puedes hacer sola o con el apoyo de tus seres queridos antes de convertirte en mamá.

Tener un plan para el posparto puede ayudar a las parejas que esperan un bebé a pensar con anticipación en todo lo que sucederá DESPUÉS de que el bebé llegue a casa. Estos planes pueden ser útiles para preparar cosas como los horarios para dormir, las comidas, el cuidado de hijos mayores, el tiempo que te ausentarás del trabajo y tus momentos de descanso. Postpartum Support International ofrece una guía para el posparto en español como una clase en línea sobre la planificación del posparto, en inglés. 

La respuesta sencilla es sí: lo que estás sintiendo es común. Convertirte en mamá y cuidar a un bebé, aunque ya lo hayas hecho antes, es una de las transiciones más importantes en la vida.

Después de la llegada de un bebé, podrías sentir una serie de emociones, y a veces, todas al mismo tiempo. La experiencia de la maternidad es diferente para cada persona, y no hay una manera correcta de vivirla. Ten paciencia y sé comprensiva contigo mismo mientras descubres cómo manejar estas emociones nuevas y, a veces, inesperadas.

Muchas mamás sienten ansiedad después de la llegada de un bebé. La falta de sueño, las nuevas responsabilidades, los cambios hormonales y el deseo de proteger a tu bebé pueden generar una preocupación intensa.

Si la preocupación te agobia, puede ser una señal de que necesitas más apoyo. La sección Cosas que puedes probar incluye ejercicios sencillos para volver al momento presente, como respirar lentamente o nombrar lo que ves a tu alrededor. Si la ansiedad es constante, difícil de controlar o está interfiriendo con tu sueño o tu vida diaria, ponte en contacto con un proveedor de atención médica.

Existe una enorme presión sobre las mamás, no solo de ser perfectas, sino que también se tienen que sentir felices todo el tiempo. Pero lo cierto es que no todos los momentos de la maternidad estarán llenos de alegría. Cuidar a un recién nacido puede ser impredecibe, frustrante y caótico, y al mismo tiempo hermoso y gratificante. Acepta tus sentimientos, incluso cuando no sean los que esperabas.

Hay cosas sencillas que puedes hacer todos los días para cuidar tu salud mental. Pero a veces podrías necesitar más apoyo. Identificar cuándo te podría venir bien un poco de ayuda es una parte importante de cuidarte, y no tienes que saber exactamente qué decir para pedirla. Si te sientes agobiada o te está costando cumplir con tus responsabilidades, acércate a alguien de confianza o a un proveedor de atención médica. No tienes que esperar a estar en crisis. Pide ayuda cuando la necesites.

Tener un bebé es uno de los desafíos más grandes de la vida. Implica muchos cambios, coordinación, apoyo, recursos, así como una enorme generosidad. Además, las madres se enfrentan a críticas y altas expectativas por parte de la familia y la sociedad. Es normal que te sientas agobiada: estás cuidando a un pequeño ser vivo.

Algunas mamás pueden sentir enojo e irritabilidad durante las primeras etapas de la maternidad. Los altibajos hormonales y los cambios en las rutinas, junto con la sobreestimulación, la falta de sueño y sentir que toda tu energía se consume por las nuevas responsabilidades, pueden hacer que te enojes con más facilidad.

Esto también le pasa a otras mamás y, en muchos casos, esa intensidad disminuye a medida que recuperas tus horas de sueño y cuentas con apoyo. Cuando sientas que el enojo crece, en nuestra sección Cosas que puedes probar encontrarás formas sencillas de reducir la presión, como alejarte por un momento y respirar lentamente, o pedirle a alguien de confianza que se encargue del bebé. Si el enojo es constante, te asusta o te cuesta salir de ese estado, un proveedor de atención médica te puede ayudar.

La llegada de un bebé implica un gran cambio en la identidad y las responsabilidades. De la noche a la mañana, hay un bebé que depende de ti completamente, y tal vez dejes de lado las cosas que antes te ayudaban a sentirte bien. No hay una línea de tiempo específica para volver a conectar contigo misma después de convertirte en mamá. Este proceso puede tardar un tiempo y requerir práctica.

Los pensamientos aterradores no deseados, también conocidos como pensamientos intrusivos, son comunes en una mamá que acaba de tener un bebé. Pueden incluir tanto ideas como imágenes no deseadas que podrían resultar perturbadoras y causar miedo. Por lo general, se relacionan con el temor de lastimar accidentalmente a tu bebé o de no poder protegerlo de algún daño. Pueden aparecer de repente y causarte ansiedad, vergüenza o angustia.

Tener pensamientos intrusivos no significa que quieras que esas cosas sucedan, o que reflejen tus intenciones, valores o personalidad. Estos pensamientos pueden aparecer cuando el cerebro de una mamá que acaba de tener un bebé entra en un modo de protección para mantenerlo a salvo.

Si se vuelven persistentes o más intensos, interfieren en tu vida diaria o te causan mucha angustia, ponte en contacto con un profesional de la salud mental o un proveedor de atención médica, como un trabajador social o terapeuta.

Conoce la diferencia

Los pensamientos intrusivos son diferentes de los pensamientos que quieres llevar a la acción, o de experiencias en las que sientes que has perdido el contacto con la realidad. Si escuchas o ves cosas que otras personas no perciben, te sientes inusualmente confundida o tienes ideas paranoicas, tienes creencias que no parecen basarse en la realidad o sientes que tú o tu bebé están en peligro debido a estas experiencias, busca atención médica de inmediato. Estas pueden ser señales de psicosis posparto, una condición poco frecuente pero grave que requiere tratamiento urgente.

Prestar atención a lo que estás sintiendo, y con qué frecuencia lo sientes, es la mejor manera de saber si necesitas ayuda. Es importante describir tus emociones, tanto a las personas en quienes confías como a ti misma. Algunas veces no podrás notar estos cambios sola, así que diles a las personas cercanas que pueden ser honestas contigo.

La mayoría de las personas que acaban de tener un bebé se enfrentan a desafíos durante los primeros días, semanas e incluso meses, pero logran seguir con su día, cuidar a su bebé y cumplir con otras responsabilidades sin demasiadas dificultades.

Tener emociones intensas, perturbadoras y disruptivas es una señal de que necesitas ayuda profesional. Las mujeres que experimentan síntomas que afectan significativamente la salud mental materna suelen decir cosas como:

  • ¿Por qué soy tan mala mamá?
  • Quiero escapar.
  • Ya no soporto ni un minuto más.
  • Mi bebé o mi familia estarían mejor sin mí.
  • Siento que me estoy ahogando.
  • Soy la peor madre del mundo.
  • Para todas las demás parece algo tan fácil. ¿Por qué es tan difícil para mí?

Busca ayuda si:

  • Te cuesta llegar al final del día y realizar tareas cotidianas, como cuidar de ti y de tu(s) hijo(s).
  • Te sientes tan desesperada que pierdes la esperanza de que las cosas vayan a mejorar o cambiar.
  • Sientes tanta ansiedad o agobio que te sientes sobrepasada.
  • Te preocupa la posibilidad de lastimarte o de lastimar a tu hijo(s).

No tienes que esperar hasta que la situación se vuelva insoportable. Pedir ayuda desde el principio es una muestra de fortaleza.

Descubre más herramientas y recursos para tu salud mental

Aprende ideas para manejar el día a día, conectar con otras mamás y opciones de atención profesional.