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Mostrar 9–12 de 12 resultados para “Tu salud mental como mamá que acaba de tener un bebé”

Buscar maneras de mantenerte conectada al presente te puede ayudar a reconectar con tu cuerpo y tu mente después de la llegada de un bebé.

Cualquiera de estas prácticas puede hacer una diferencia, aunque solo las hagas durante unos pocos minutos al día.

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    Si te es posible, trata de salir a caminar con tu bebé o mientras se queda al cuidado de otra persona. No tiene que ser por mucho tiempo. Aprovecha ese momento para prestar atención de manera consciente a lo que te rodea, al clima y a cualquier sensación que percibas.

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    Los estiramientos y el yoga pueden aliviar algunas molestias y ayudar a que tu día sea más relajado. Incluso hacer movimientos sencillos desde la cama o sentada en una silla puede aliviar el dolor y ayudarte a reconectar con tu cuerpo. Cuando puedas, también puede ser agradable dedicar un momento a bailar, a tu propio ritmo.

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    Prueba técnicas de meditación que te ayuden a conectar con tus sentidos. Una manera de hacerlo es identificar cinco cosas que puedes ver, cuatro que puedes tocar, tres que puedes escuchar, dos que puedes oler y una que puedes saborear. Este ejercicio te puede ayudar a mantenerte en contacto con el momento presente.

Emociones, estados de ánimo y desafíos vitales relacionados

La llegada de un bebé puede traer consigo emociones nuevas y desafiantes. Algunas son positivas, como la alegría y la satisfacción, mientras que otras pueden ser más difíciles de manejar, como el enojo, el duelo y la preocupación. Todas estas emociones forman parte de la maternidad. Al reconocer y expresar lo que sientes, favoreces tu bienestar y el de tu bebé. Si notas cambios en tus emociones o en tu salud mental (por ejemplo, si tus sentimientos se intensifican con el tiempo o cambian con mucha rapidez), es importante informar a tu equipo de atención médica y a tu red de apoyo para que te puedan ofrecer opciones útiles y prácticas. Puede que buscar apoyo te parezca intimidante, especialmente si tienes miedo de que los proveedores de atención médica te juzguen o incluso te reporten ante los Servicios de Protección Infantil (CPS). Hay proveedores de atención médica que quieren ayudar a que te sientas mejor. No dejes de buscar hasta encontrar un proveedor de atención médica que te comprenda y te respete. Apóyate en tu equipo de atención médica, como tu gineco-obstetra (OB-GYN), partera, doula, proveedor de atención primaria o el pediatra de tu bebé, para conocer opciones de tratamiento como terapia, medicamentos y grupos de apoyo. Encontrar un terapeuta que se especialice en salud mental materna te puede ayudar a sentirte mejor.

Emociones, estados de ánimo y desafíos vitales relacionados

Mantener una rutina de autocuidado puede hacer que el proceso de convertirte en mamá sea un poco menos desafiante y facilitar que vuelvas a sentirte como antes.

Estas son algunas cosas que podrías incorporar a tu día a día:

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    Observa cómo te sientes, tanto emocional como físicamente.

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    Trata de comer con regularidad y tomar mucha agua. Considera tener a la mano agua y algunos refrigerios preparados para que puedas recuperar energía cada vez que vayas a alimentar a tu bebé.

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    Aunque te vayas a quedar todo el día en casa, vístete y arréglate como de costumbre.

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    Trata de respirar aire fresco cada día, ya sea al dar una caminata o asomándote un momento afuera de la puerta.

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    Las rutinas de higiene, como bañarte y cepillarte los dientes, pueden ser momentos para descansar y recargar energía.

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    Prueba empezar a escribir un diario. Esta es una excelente manera de expresar lo que sientes y de registrar estos primeros días tan especiales.

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    Establece rutinas diferentes para el día y la noche para evitar que los días parezcan todos iguales.

Emociones, estados de ánimo y desafíos vitales relacionados

Convertirse en mamá no es fácil y, por lo general, viene acompañado de sentimientos inesperados e injustificados de no estar a la altura. Algunas madres se avergüenzan de pedir ayuda porque creen que necesitan “poder con todo” y ser resilientes. Lo cierto es que ser una buena madre no significa que te tengas que sacrificar.

Para afrontar la culpa y la vergüenza relacionadas con la maternidad:

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    Reconoce tus propias fortalezas y date permiso para ser amable contigo misma, en lugar de juzgarte o sentir culpa por tener dificultades comunes. Cuanto más te trates con amabilidad, más tranquila y segura te sentirás en tu papel de madre.

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    Libérate de expectativas poco realistas y de las comparaciones. No todos los platos estarán lavados de inmediato y no siempre podrás tener una sonrisa en la cara. La maternidad es compleja y no existe una manera perfecta de ser mamá.

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    El apoyo terapéutico y la ayuda de tus seres queridos pueden ser muy valiosos. A veces necesitas que alguien externo te recuerde que estás haciendo lo mejor que puedes, y que muchas veces eso es suficiente. Los terapeutas también te pueden ofrecer herramientas y estrategias para cuando las situaciones se vuelvan abrumadoras.

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